La historia se sitúa en Sevilla, en 1985. Hay una tienda de antigüedades en la Casa de la Moneda donde viven tres vampiros dotados de humanidad que se dedican a luchar contra el mal y a embalar y etiquetar antigüedades místicas que lo mismo las destruyen si son demasiado peligrosas o bien pueden guardarlas si les son útiles. Su líder es Luke Mann, un vampiro de 300 años, sus socios y mejores amigos (también vampiros) son Leonardo O'Toole y Violeta, y sus empleados y aliados son Amy Luna Blanca (una chamán muy poderosa), su novio Licaón (un hombre lobo), el mayordomo Conan Dalton (humano y veterano de la guerra en Corea) y Van (el novio humano de Violeta). Luke Mann lleva años buscando al vampiro que asesinó a su esposa, razón por la que creó su equipo
En esta historia, Ariel, una joven y hermosa vecina suya está poseída por un espíritu maligno que trata de apropiarse de su cuerpo completamente. Luke, enamorado de ella, tratará por todos los medios de exorcizarla. Mientras tanto les vigila Werner, el asesino de la esposa de Luke, quien obedece a su vez las órdenes un pez aun más gordo y peligroso. Mientras Luke y sus amigos tratan de encontrar un modo de salvar a Ariel se van desvelando secretos de su pasado y del posible origen de los vampiros.
Llevo 19 años trabajando en una serie literaria de fantasía y aventura, al principio quise que fuera gótica de amor (los pensamientos de un quinceañero gótico), pero con el tiempo le di otro enfoque. Quería que fuese una mezcla de ciencia ficción, fantasía, aventura y épica. Todo empezó cuando vi cómo restauraban la Real Casa de la Moneda en Sevilla, mi ciudad. Cuando la vi por dentro su interior llegó a fascinarme, pensé "si yo fuera un vampiro viviría aquí". Entonces me dije "¿por qué no?". Entonces empecé a escribir una novela sobre tres vampiros dueños de una tienda de antigüedades. Tenía muchas inspiraciones de series que había visto: Misterio Para Tres (Friday the 13th: The Series), Buffy cazavampiros, Angel y Gargoyles.
Misterio Para Tres o Viernes 13 (como era su título original) trataba de dos chicos, Micky y Ryan, que habían heredado una tienda de un tío al que no conocían, al conocer a Jack, un viejo amigo de su pariente, descubrieron que éste había vendido su alma al diablo a cambio de vender antigüedades malditas, pero que rompió el pacto y lo pagó con la muerte. Entonces supieron que ahora debían recuperar todas las cosas que su tío vendió. Una serie que solía ver con mi madre en Telecinco cuando todavía era la pantalla amiga.
¿Quién no conoce Buffy cazavapiros? Una de las mejores series de finales del siglo XX que duró 7 años y continúa en los comics. Una serie llena de ambiente gótico, magia, madurez... Aquí podian verse todo tipo de cosas: vampiros con alma, demonios gangsters, hombres lobo enamorados, brujas empollonas, robots psicopatas, políticos corruptos que hacen tratos con demonios, freaks que juegan a ser supervillanos... Todo un ejemplo.
Angel, la serie hermana de Buffy, en la que vemos las aventuras del ex novio vampiro de Buffy. Un vampiro con alma que trata de reparar todos los daños que causó en sus tiempos de maldad y que incluso teniendo alma sigue teniendo devaneos con el mal. Esta serie era diferente de Buffy, dado que era más adulta y más seria.
Y Gargoyles, esta serie de animación de Disney si que fue una fuente de inspiración. Criaturas que de dia son de piedra y de noche son guerreros que luchan contra el mal en un mundo que desconocen debido a que durmieron un letargo de mil años por un hechizo.
Saqué un poco de todas esas series y decidí explotarlo un poco hasta hacer un pequeño coctel. Confío en que esta novela en la que estoy trabajando guste al publico, lo mismo que sus demás historias que empecé a escribir cuando aun no habia terminado la primera. Disfrutadlo.
lunes, 26 de mayo de 2014
martes, 13 de mayo de 2014
Entrevista a Erik Saucedo
Hola, muy buenas a todos, soy Hannibal Hudson y a continuación voy a presentaros una entrevista a un genio entre los genios en lo que a arte y montajes se refiere. Se trata ni más ni menos de Erik Saucedo, el especialista en accesorios y el encargado del departamento de arte en el TNND Project.
Dinos, amigo Erik ¿cómo describirías tu trabajo en el TNND Project?
Buenas tardes, Hannibal, pues, a ver veamos, mi trabajo en TNND Project, creo que no hay otra manera de decirlo, y es que para mi ha sido un sueño hecho realidad, trabajar codo con codo con un equipo tan profesional, que se desvive de esa manera por sacar adelante un proyecto. Creo que no tiene otra definicion posible, cuando hace 9 años me decidí por dedicarme al mundo del Cine y Audiovisual en general, nunca pensé que me sentiría tan realizado como me estoy sintiendo con este equipo. Es sencillamente Válvulizante.
Bien dicho, amigo. ¿En qué sentido te gusta Doctor Who? ¿Como una serie más de entretenimiento? ¿o hay alguna razón filosófica?
Doctor Who no es solo una serie de ciencia Ficción, es una forma de enseñar valores a los niños. Digamos que cuando eramos pequeños algunos teníamos el Barrio Sesamo, ya que el Doctor no había llegado para todos en este país o se desconocía su existencia, y ahora los nños de hoy tienen al Doctor, el cual les enseña muchas cosas bonitas, a apreciar las vidas ajenas y la belleza de todo. Digamos que el Doctor a parte de ser entretenimiento es algo que dicta moral.
Los que te conocemos sabemos que eres un experto en el estilo steampunk, y eso se notaba en las armas que diseñaste ¿de dónde sacas la inspiración? ¿Es muy difícil construir esas cosas?
Pues la inspiración viene dotada de la documentación, también siguiendo cánones whovians y a la vez de películas de otros estilos, como el mencionado Steampunk, digamos que el Arma de Drarek, en concreto, esta hecha inspirándose en el capitulo de la temporada 6 en el que el Doctor viaja a un pasado western un tanto influenciado por la ciencia. El resto de armas, pues podríamos ver otras inspiraciones, otro dato curioso es la pistola que lleva otro de los personajes que no deja de ser una variación del blaster de River Song, y las katanas de Kirnyl son inspiradas de un personaje de un juego de rol steamer de miniaturas. Digamos que la construcción de props no es ni fácil ni difícil, exige dedicación sobretodo, no todos se crean de cero, a veces se re-aprovechan objetos o juguetes que pueden ayudarnos a crear piezas nuevas.
¿Qué materiales usas?
Ay, Hannibal, si te contestase a esa pregunta después me vería obligado a matarte, jajaja.
¿Montarías un negocio de ropa y accesorios steampunk?
Ya tengo ese negocio solo que actualmente esta algo parado, pero tenemos incluso tienda on-line fenixuai.weebly.com
Tú confeccionaste la réplica de la levita del 11º Doctor para Carles Quero en El día de la madre ¿qué supuso eso para ti?
La replica de la levita del Doctor supuso un mes y medio casi de estudio del vestuario, más una tirada de horas y horas haciendo pruebas de patronaje. Quizás el problema mas gordo fue localizar los tejidos, puesto que no estaban en la tienda a la que iba habitualmente, luego me coincidió que dos semanas antes de la etapa de pre-producción me tenia que mudar a mi actual casa, y bien tuve que verme obligado a trabajar en la maquina de coser a horas inhumanas, pero cuando por fin conseguí verla acabada y ya definitivamente puesta sobre Carles, fue una sensación espectacular, algo indescriptible, algo como diría Carles ¿no? ¡Geronimisimo!
¿Serías capaz de hacer un traje de Sontaran?
Un traje Sontarán, sí, supongo que sin ningún problema sería capaz aunque creo que ahora contaría con el trabajo de Aitor el de Arte, ya que es un gran escultor (shhhhh, esto no se lo digáis a él, no quiero que sepa que su labor está muy bien valorada por mi parte) y necesita de técnicas distintas para crear un vestuario así pero, sin duda sería un reto que nos encantaría poder llevar a cabo.
¿Era muy especial el episodio "El día de la madre" para ti?
Que gran pregunta. Sí, Hannibal, este último episodio, es muy especial para mi, El Dia De La Madre, es uno de esos días que son duros, que son dificiles de afrrontar para mi, pero gracias a mis compañeros de Vision Factory, y del TNND Project, se ha convertido en una fecha señalada y muy, pero que muy especial.
No me cabe la menor duda, amigo. ¿Y cómo es tu relación con los integrantes del equipo?
Pues con Sergi, Marc, Aitor, Carles y María es como si fueran no se casi mis hermanos. Los quiero porque hemos tenido momentos super especiales. Individualmente, con cada uno de ellos, ha sido y es una experiencia extraordinaria poder decir que no son solo compañeros sino que son amigos, o son casi como mi familia. Con mis compis los actores, los... Piratillas, cada uno a su manera ha sabido robarme un pedacito de corazón. ¿Sabes de esos videos tan emotivos que montan tanto Sergi como Albert, el del Makking off? pues en muchas ocasiones cierro los ojos y mi mente crea vídeos así con imágenes de recuerdos de momentos vividos con ellos, mis compañeros de arte y maquillaje, Aitor de Arte, es (no se cómo) un primo al que quieres un montón porque te ayuda a salir de situaciones difíciles, y a vivir otras muy divertidas, en ocasiones a meterte en algún que otro pequeño lío, aunque de estos últimos creo que aun no se a dado el caso. Marta, es mi niña peque, es muy especial y la quiero mucho porque sabe organizar un poco el desajuste que hay en mi coco, siempre esta ahí en momentos chungos y de estrés, y luego le entran rabietas repentinas pero sabe como robarte el corazón o darte un abrazo en momentos clave. Marcos, digamos que es como ese tío que todos acabamos teniendo que tiene ideas super geniales y sabe ingeniarselas de cualquier manera para que una pequeña idea (por pequeñina que sea) se convierta en algo super genial y super espectacular. Y bueno, digamos que es genial trabajar codo con codo con gente así incluso con Cesc Biener.
Si viajaras con el Doctor en la TARDIS ¿a dónde te gustaría ir?
Si viajara con el Doctor en la TARDIS iría a buscar a mi madre para enseñarle todo lo que estoy haciendo ahora con estas personas tan maravillosas, ya que ella me apoyó desde el primer día que le dije «mamá, quiero dedicarme al cine». La verdad es que sería espectacular verla dedicarme una vez más una de esas sonrisas que hacían que se iluminase toda la habitación. Por eso es tan especial para mi este minisodio, por que aunque ella no murió sola, no puedo evitar pensar que siempre pude haber sido un mejor hijo, y siempre tendré la espinita de pensar que nunca llegué a demostrarle todo lo que la quería.
No te creas eso, seguramente dondequiera que esté estará viendo lo que haces, estará sonriendo y se sentirá orgullosa de ti, seguro que para ella eres el hijo modelo. Muchas gracias, amigo Erik. Espero que hagas muchas más cosas en este campo.
viernes, 11 de abril de 2014
DOCTOR WHO - El zoo cósmico
Amanecía en Londres. Clara se levantó de la cama. Era sábado y no tenía que trabajar de niñera, Angie y Artie se fueron de viaje con su padre. Se preparó el desayuno, se duchó, leyó un poco de “Cae el verano” de Amelia Williams…Hizo un montón de cosas más antes de que viniera el Doctor para irse de viaje con él en su TARDIS. El Señor del Tiempo se retrasaba. Aun tenía en su cabeza lo que vio en la línea de tiempo personal del Doctor, los recuerdos eran difusos, pero lo recordaba un poco. “La chica imposible”, así la llamaba él. Todavía recordaba a esa encarnación olvidada que estaba de espaldas, entendió que ese debió ser el que causó la destrucción del planeta del Doctor y puso fin a aquella cruenta guerra. Se puso una gabardina marrón y salió fuera para esperar a ver la cabina azul. Hacía fresco.
— Pero ¿dónde se habrá metido? —
preguntó ella impaciente.
De pronto apareció una luz enorme que
la cegó. Llegaron dos hombres amortajados y con cascos que la agarraron y le
inyectaron algo en el cuello. Los ojos marrones de Clara empezaron a cerrarse
por el efecto causado del tranquilizante. Aquellos hombres la cogieron y
desaparecieron por teletransporte.
1000 años en el futuro…
Una especie de campo. Casi todo
calcinado y devastado. Había robots tirados por el suelo y destruidos y gente
disparándose la una a la otra desde barricadas. No paraban de disparar. El
líder de un bando era Randden Quch y el del otro se hacía llamar Yento, que en
el idioma de su pueblo, Amanto, significaba “soberano”. Llevaban meses en
guerra y no paraban de matarse mutuamente.
—
¡Disparad a matar! ¡No tengáis piedad! — exclamó Randden.
—
¡Ya les habéis oído! ¡Quieren matarnos! — le imitó Yento.
— ¡Tenemos que acabar con ellos antes
de que nos aniquilen! — siguió Randden.
En ese momento, oyeron un ruido muy
extraño, pero eso no paró el fuego. Siguieron atacándose los unos a los otros.
Luego se asomó una especie de vara con una luz verde que zumbaba. Las armas
dejaron de funcionarles.
—
¿Qué ha ocurrido? — preguntó Randden.
—
¿Y tú lo preguntas? ¡Lo ha hecho tú! — le acusó Yento.
—
¿Yo? ¡Por supuesto que no! Siempre me estás culpando de todo.
—
¡Lo hago porque es verdad!
—
¡No lo es!
—
¡Sí lo es!
—
¡No lo es!
—
¡Sí lo es!
—
Oh, por favor, dejad ya de pelearos — dijo un hombre alto y sonriente.
—
¿Se puede saber quién es usted? — preguntó Yento.
— Soy el Doctor.
Aquel individuo estrafalario vestía al
estilo victoriano, con una levita morada, un chalequillo negro y una pajarita
negra con lunares blancos. Se colocó entre ambos bandos. Ellos no tenían ni
idea de quién era, sin embargo Yento creyó que ese hombre estaba loco al
ponerse en medio de una guerra y por un momento olvidó que las armas no
funcionaban. Le apuntó.
—
De acuerdo, apuntadme si eso os tranquiliza, pero yo no apuntaría con un arma
inofensiva… bueno, una vez lo hice ¿o fueron dos? Ya ni me acuerdo, son mil
doscientos años o mil cuatrocientos ¿Quién los cuenta?
—
¿Qué hace usted aquí? — preguntó Randden.
—
Yo, nada, sencillamente pasaba por aquí con mi nave y vi esta nave, la cual, si
me lo permitís, es fascinante… de clase turística ¿verdad? No ha cambiado nada —
dijo el Doctor pasando su destornillador sónico —.Tiene un sistema
medioambiental básico alimentado por energía nova extraída de las
estrellas…energía lo suficientemente potente como para crear un medio ambiente
artificial con campos incluidos. Claro que ahora esta nave está baja de energía
porque la habéis empleado como combustible para vuestras armas. Sin embargo
estos campos están algo descuidados. Calcinados, diría yo… ¿por qué?
—
¡Eso no le importa! — exclamó Yento —.¡Estamos en guerra!
—
En guerra ¿eh?
—
Sí, y usted nos ha interrumpido desactivando nuestras armas — siguió Randden.
—
¿Y a qué se debe esta guerra?
—
Por el poder, él lo quiere — explicó Randden.
—
¡Porque me pertenece! Él no debió cedértelo todo, debió dármelo a mí todo.
—
No pudo ¿cómo tengo que decírtelo?
—
Yo iba a reclamar lo que es mío y ese hombre ridículo desactiva nuestras armas.
—
Sí, claro, no lo dudo ¡pero…! ¡pero…! ¿Habéis pensado en quién sale dañado en
vuestro fuego cruzado?
—
Nadie — dijeron los dos a la vez.
— Mirad a vuestro alrededor — dijo el
Doctor señalando —.Habéis devastado los campos, quemado las plantas y habéis
matado a algunos animales, sin mencionar los que morirán porque no tendrán de
qué alimentarse. Y todo ¿por qué? Yo os lo diré. Porque unos niños que no se
entendían entre ellos y uno especialmente envidioso quería la nave de papá.
Randden y Yento se quedaron callados.
Sus ojos miraron hacia abajo como si sintieran vergüenza. El Doctor se acercó a
Yento con la mirada de un padre furioso y avergonzado. Había dado en el clavo,
aquellos dos eran hermanos y uno había heredado la nave de su padre, sin
embargo el otro la quería y estaba dispuesto a matar a su hermano para
conseguirla, pero no pensó que en su descabellado e inmaduro plan podría haber
destruido aquello por lo que luchaba.
—
Dime…Wyndrum Quch ¿Qué crees que diría tu padre si te viera ahora? Que por
cierto, le conocí antes de que nacierais.
—
¿Le…conociste? — preguntó dejando resbalar una lágrima de su ojo.
—
Mardrom Quch ¿cómo olvidarle? — dijo el Doctor dirigiéndose a continuación a
Randden —.Era un genio, un verdadero genio, ahora sé que yo le ayudé a
construir esto, no le revelé todos los secretos pero me vi tentado a hacerlo
porque estaba delante de una mente privilegiada, lo que hice fue ayudarle a
salvar a su pueblo del ya destruido Amanto.
—
¿Tú le ayudaste? — preguntó Randden —.Creo recordar que solía hablar de un
doctor con una bufanda larga y un sombrero que vino acompañado por una chica
salvaje y un perro robot.
—
Era yo. No sabía cómo salvar a toda su gente de la destrucción inminente, de
modo que Leela le propuso que por qué no huían en una nave, lo cual no era
posible para poder llevarlos a todos, de modo que yo le propuse otra cosa
mediante un tipo de tecnología que pude facilitarle, de ese modo debió de crear
esta arca, yo no estuve cuando lo hizo. Todo lo que hizo fue para mantener vivo
su origen.
—
Pero yo también era hijo suyo. Debería haberme cedido a mí la nave.
—
Esta nave es gigantesca. Podríamos capitanearla los dos — sugirió Randden.
—
Eso es un comienzo — sonrió el Doctor.
—
Pero ¿cómo lo haremos? Hemos gastado la energía de la nave en las armas — dijo
Wyndrum.
— Ahí podría intentar ayudaros. Aunque
tardaré un poco — dijo el Doctor mirando su reloj —.Clara tendrá que esperarme.
En otra
parte…
Los dos hombres amortajados se
materializaron en lo que parecía ser una nave espacial. Llevaban a Clara de las
manos y los pies. Ella seguía dormida por el tranquilizante. La llevaron hasta
lo que parecía ser la sala de un trono. Los ojos naranja del hombre del trono se
intensificaron. Parecía estar muy contento.
— Estupendo. Llevadla al zoo.
Los hombres cogieron a Clara otra vez.
Abrieron una especie de trampilla y la echaron por ella. Mientras se deslizaba
por un tobogán iba recuperando la consciencia, cuando llegó al final cayó de
cara hasta un barrizal gigantesco. Se levantó del barro como pudo. Escupió el
que le había entrado en la boca al caer. Estaba completamente marrón, apenas se
la podía distinguir de lo embarrada. No veía nada pero captó un olor bastante
fuerte y desagradable, parecía azufre y algo descompuesto. Se limpió como pudo los
ojos con sus dedos embarrados y vio que estaba en algo parecido a una ciénaga.
Hacía mucho calor.
— ¿Dónde estoy? Como apesta aquí. Y me
acabo de duchar.
Se puso de pie. Trató de inspeccionar
la zona para ver si podía encontrar una salida. Sin embargo, tal como veía el
panorama, no parecía haber ninguna. Deseaba que el Doctor estuviera ahí para
ayudarla, sin embargo no tenía ni idea de cómo iba a poder contactar con él.
Oyó una especie de rugido. Sus ojos se intensificaron. De repente, aquel hedor
que parecía proceder del barro con el que estaba cubierta era algo diferente
comparado con el que captó cerca.
— Vaya, parece que hay algo por aquí
que huele peor que yo ahora mismo.
Parecía que algo respiraba cerca de
ella. Se dio la vuelta y había una especie de criatura enorme que parecía un
hipopótamo. Ese animal le espiró encima un montón de aire haciendo que todo su
barro se le secara. Salió corriendo para buscar un refugio y el animal le
persiguió.
— ¡Tranquilo… me gustan los animales! —
decía Clara mientras corría —.Especialmente los… lo que quiera que seas… espero
que seas vegetariano…además, yo no sé bien…¡estoy malísima!
Al final se tropezó con una rama en el
suelo. Ella trató de apartarse arrastrándose. Todavía le costaba ver bien con
todo ese barro en su cara. Ya no sabía qué hacer. Tenía miedo. Aquel animal
abrió la boca.
— ¡Por favor, no me comas! ¡Creo que
tengo chocolate en mi bolsillo si lo quieres!
El animal lo que hizo fue pasarle su
desmedida y pringosa lengua por su cara. Su cara estaba limpia, pero se quedó
petrificada al mismo tiempo que babeada. Sus ojos marrones estaban
intensificados por el miedo y por el asco de la cantidad de baba que le había
dejado en la cara.
— Ugh.
Clara se levantó y notó que aquel
animal parecía amistoso. Como una especie de perro gigante sin pelo. Lo
acarició. Buscó en su bolsillo la chocolatina y se la dio. La criatura volvió a
lamerle la cara. Ella se sentía asqueada, pero al mismo tiempo notaba que la
estaba limpiando. Ella trataba de apartarlo mientras aguantaba el olor
desagradable de su aliento.
—
Vale, para ya… Dime, no sabrás de alguna salida por aquí ¿verdad? — le dijo
Clara al animal —.Ya imagino que no, si así fuera ya te hubieras escapado. De
todos modos parece que sólo hay animales y barro hediondo aquí.
— No del todo — dijo una voz madura.
Clara se volvió y observó a un hombre
de piel amarilla y con mucho pelo. Aquel individuo se acercó a ella. Al
principio le asustó, pero al verle le pareció inofensivo.
—
¿Quién eres? — le preguntó Clara.
—
Me llamo Tetduxx. Soy de Waranda ¿y tú?
—
Clara. Soy de la Tierra.
— ¿De
la Tierra? Vaya, parece que quiere completar su colección.
—
¿Colección? ¿Quién?
—
Estamos en un zoo. Lord Xing captura especies primitivas o con apariencia de
serlo para coleccionarlas.
—
¿Primitivas?
—
Sí, bueno, los humanos seguís pareciendo algo primitivos. Con vuestras guerras
y vuestras estupideces.
—
Ya veremos quién es el estúpido, lo que debemos hacer es tratar de salir de
aquí.
—
No hay salida.
—
Un buen amigo mío me enseñó que siempre hay una salida.
—
Caemos por esa rampa, luego sólo nos queda permanecer aquí y hasta morir de
viejos, lo cual, en mi caso, no tardará en ocurrir.
—
Ni por asomo. Vamos a darle una lección a ese Lord Xing. Así que sólo pudimos
entrar por esa rampa ¿no?
—
Sí.
—
Bien, pues por ahí saldremos.
—
Pero ¿cómo?
— Con la ayuda de nuestro amiguito —
señaló Clara al animal.
Clara y Tetduxx subieron al lomo de
aquella criatura y se dirigieron al barrizal donde cayó. Vio el tobogán y trató
de alcanzarlo poniéndose de pie. Tetduxx trató de ayudarla a subir, pero seguía
muy alto. Clara cayó al barro otra vez.
— Pero bueno. A este paso terminaré siendo
del color de mis ojos.
Tetduxx la ayudó a subir otra vez.
Esta vez el animal se levantó un poco más y así Clara pudo alcanzar el borde.
Le tendió la mano a Tetduxx y éste, con mucho esfuerzo, consiguió subir. Luego
intentaron subir como pudieron. Era difícil, dado que resbalaba. Más de una vez
cayeron al fango.
—
Es inútil, Clara. No podemos huir de este zoológico. Formamos parte de su
colección.
—
Espera… colección…creo que ya lo tengo. Coge todas esas ramas.
—
¿Para qué? — preguntó Tetdux.
— Tú hazlo. En momentos como este
quisiera que el Doctor estuviera aquí.
1000 años en
el futuro...
La nave
de Randden y Wyndrum Quch estaba siendo bombardeada. La sala de control estaba
algo destartalada y desordenada. El Doctor, que se había quitado su levita e
iba remangado, trataba de arreglar los micrófonos.
— ¡Menudo momento para atacarnos los
Cybermen!
— ¡Y con las defensas desactivadas! ¡Doctor,
deberíamos usar las armas para defendernos! — exclamó Randden.
— ¡Os digo que no! — ordenó el Señor del Tiempo —.Muy bien, ahora
callaos. ¡Oídme bien, cabezas de metal sin corazón! ¡Tenéis una oportunidad
para marcharos y retroceder! ¡Si no lo hacéis será cosa vuestra!
«Tus palabras son irrelevantes. Amenazas sin fundamento. Todos los que
están a bordo de la nave serán mejorados.»
— ¡En serio, os lo advierto, no os acerquéis! ¡Soy el Doctor, me
conocéis! ¡Sabéis que no uso mis palabras a la ligera! ¡Maldita sea! Se ha
cortado la comunicación…
La Cybernave se aproximaba a ellos. El Doctor y los dos hermanos miraban
por la pantalla. Por el suelo de la sala de control estaban desperdigadas todas
las armas que cargaron con la energía nova para aquella guerra absurda que
iniciaron. Todo el arsenal tenía muchos cables conectados a los sistemas. El
Doctor pasó el destornillador sónico por los mandos de la nave. Randden y
Wyndrumm observaban con asombro, aunque sin entender nada. En ese momento las
luces de la nave volvieron a funcionar como debían. La nave empezó a brillar y
de ella salió una onda expansiva que desintegró la Cybernave.
— Se lo advertí y no me hicieron caso — dijo
el Doctor.
— ¿Qué has hecho? — preguntó Wyndrumm.
— Devolví toda la energía nova de las armas a
la nave. Al reactivarlo la nave expulsó toda la contaminación con una onda
expansiva, esa onda destruyó a los Cybermen.
— Bien hecho, Doctor, eres un genio — le
felicitó Randden.
— Pero todavía no sé cómo vamos a compartir
el gobierno de esta nave.
— Espero que Clara esté haciendo un soufflé, esto va a durar — suspiró el Doctor.
En otra
parte…
Los dos hombres amortajados dormían mientras estaban delante de las
pantallas de vigilancia del zoo de su amo. Roncaban como cerdos. En ese momento
sonó una alarma y los dos despertaron de golpe. Era la alarma de incendios.
Corrieron a avisar a su amo.
— ¡Amo! ¡Hay fuego en el zoo!
— ¡Deprisa! ¡Tenéis que salvar a los
especímenes!
— ¡Enseguida! — exclamaron al unísono.
Los dos guardias corrieron con extintores. Abrieron la puerta del
zoológico y entraron. En ese momento sintieron temblores. Era como si hubiera
un terremoto, cosa que sería imposible dado que estaban en una nave. Entonces
vieron que todos los animales y personas venían hacia ellos, liderados por una
Clara Oswald bien embarrada montada a lomo del animal que parecía un
hipopótamo. Se quitaron de en medio para que no los aplastasen. Las otras
personas que estaban presas los cogieron y les inyectaron sus propios
tranquilizantes. El coleccionista sentía el mismo temblor. Clara y el animal
llegaron al salón del trono y su “dueño” estaba asustado.
— ¿Qué…qué pasa? ¿No…os gusta el sitio que os
preparé?
— Mírame ¿crees por casualidad que me gusta
una ciénaga maloliente donde hace un calor tremendo? ¡¿Quién te crees que eres
para capturar personas y animales y coleccionarlos en un zoológico?!
— Bueno…yo…me sentía solo…
— ¿Que te sentías solo? ¡Pues cómprate un perro!
Aquel hombre empezó a llorar. Clara se calmó por un momento. El hombre
lloraba como un niño. A continuación, el animal se acercó y trató de consolarlo
dándole un lametón enorme. Clara empezó a ver las cosas claras. Ella se sentó a
su lado y le puso la mano en el hombro.
— ¿Qué edad tienes?
— Diez — respondió el hombre.
— ¿Diez? Pareces tener cuarenta.
— No me digas eso. Entonces ya seré un
anciano.
— ¿Cómo te llamas?
— Vendru. Mis padres murieron el año pasado.
Me dejaron una cuantiosa cantidad de dinero. Pero no me contenta. Quiero
compañía. Entonces pensé en coger gente de sus planetas y tenerlos en mi zoo
particular para así no sentirme solo.
— ¿Y no pensaste que les estabas privando de
su libertad?
— No.
— He cuidado a muchos niños como tú, Vendru.
La mayoría perdieron a su madre o a su padre y lo que mejor les contentaba era
tener una mascota. En otros casos se les regala un videojuego o algún juguete,
claro que aquello sólo eran placeres materiales. ¿No tienes novia?
— ¡Aun soy joven!
— Sí…ya lo he notado…pero necesitarás amigos…
— No tengo ningún amigo.
— Bueno, eso tiene solución. Mira, parece que
a Lester le gustas.
— ¿Lester?
— Sí así le he llamado. No sé qué clase de
animal es, de modo que opté por ponerle un nombre. Y yo también puedo ser tu
amiga.
— ¿De verdad?
— Sí, Vendru — sonrió Clara.
Clara abrazó a ese niño. Lester le dio otro lametón a Vendru. Clara se
rió al verlo. A continuación ella también recibió un beso húmedo de aquel
animal cariñoso. Todos los demás prisioneros vinieron con la intención de darle
una lección.
— ¡Dejadlo! ¡No le hagáis nada! — ordenó
Clara.
— ¿Por qué? — preguntó Tetduxx
— Porque no es más que un niño. Se sentía
solo. Pero ahora nos llevará a todos a casa ¿verdad, Vendru?
— No puedo.
— ¿Cómo? ¿Por qué? — preguntó Clara.
— Porque me quedaré solo otra vez — respondió
Vendru abrazando a Lester.
— A Lester le has gustado. ¿Por qué no te lo
quedas?
— Sí… ¡Sí! Podría hacerlo.
— Bueno, y ahora llévanos a casa — dijo
Tetduxx.
— Muy bien, ahora mismo. Tocad esa pantalla.
El escáner notará vuestro origen y os tele transportará a vuestros planetas.
— Gracias — le dijo Clara.
— No, gracias a ti, Clara. Siempre serás una buena amiga.
Clara le dio un último abrazo a Vendru y Lester le propinó un último
lametón húmedo a su cara enlodada. Le estrechó la mano a Tetduxx, quien después
tocó la pantalla y desapareció. Cuando ya no quedaba nadie, Clara tocó la
pantalla y se encontró instantáneamente en su casa. En aquel preciso momento
oyó llegar la TARDIS. Corrió hasta la cabina azul. De ahí salió el Doctor sin
la levita y con algunos tiznes.
— ¡No veas lo que me ha pasado! — dijeron al
unísono hasta que se miraron —.¿Qué te ha pasado? Tú primero.
— Yo estuve ayudando a dos hermanos a
compartir una nave que les dejó su padre, un viejo conocido mío, en herencia.
— Y yo estuve en un zoo espacial que
pertenecía a un hombre de diez años de edad. No veas cuánto barro había ahí,
además apesta y creo que se me ha secado en la ropa y la piel. Me cuesta
quitármelo.
— Esto…Clara…aunque hace juego con tus ojos, no
sé cómo decírtelo, pero me parece que no es barro.
— ¿No me estarás diciendo que…? — preguntó
ella con los ojos intensos.
— Sí…
— Dime que tienes un jabón especial.
— Sí… en la TARDIS…
— ¡Con permiso! — corrió Clara.
— ¡Ten cuidado! ¡No me ensucies nada!
El Doctor cerró la puerta de la TARDIS y sonrió. Luego apretó el
acelerador atómico y empezó a reírse a carcajadas. La TARDIS desapareció de su
lugar y entró en el vórtice del tiempo.
En otro lugar…
Vendru estaba jugando con Lester en la nave. Parecía más feliz que antes.
En ese momento se apagaron todas las luces. Se oyó un ruido parecido al de la
TARDIS, pero sonaba de otra forma. Vendru se asustó. Entonces las puertas del salón
del trono se abrieron y la sombra de una mujer estaba allí.
— ¿Quién eres? ¿qué quieres? — preguntó Vendru.
Aquella mujer les miró con malicia a él y a
Lester. Luego se carcajeó como una loca. Sus ojos parecían verdes azulados,
tenía mirada despiadada y su cara parecía la de una mujer madura.
¿FIN?
PETER CUSHING: EL DOCTOR HUMANO
Una encarnación bastante humana del Doctor con
retazos de Señor del Tiempo, una TARDIS terrestre que también es más grande por
dentro y unos Daleks con el mismo temperamento e igual de malvados.
Por Hannibal Hudson
Muchos son (incluyéndome a mí) los que
querríamos que se hiciera una película para la gran pantalla de Doctor Who, ya
sea protagonizada por Matt Smith, David Tennant (El Día del Doctor podría
contar, por supuesto) o incluso Johnny Depp, si la dirigiese Peter Jackson,
George Lucas o incluso el mismísimo Steven Spielberg sería un éxito de taquilla.
Sin embargo, tal vez habría que tener en cuenta dos películas que las británicas
Amicus Productions y Aaru Productions hicieron basadas en dos de sus seriales de
la etapa de William Hartnell y en color (technicolor, para ser exacto) cuando
la serie aun era en blanco y negro (la cual no adquiriría el color hasta 1969),
ambas dirigidas por Gordon Fleming y producidas por Milton Subotsky. No eran
una continuación de la serie, ni siquiera formaban parte del canon de la misma.
Estaban más centradas en la figura de los Daleks, los cuales eran los
monstruos. En estos filmes podemos observar algunas cosas consonantes con la
serie como algún que otro actor y algunos elementos más que evidentes. En
seguida os hablaremos de las dos películas que protagonizó el para muchos mejor
Van Helsing que ha existido.
El siempre genial Peter Cushing
(“Cushing” para unos y “Pete” para los amigos), un gran actor con rasgos de hombre
maduro y escuálido, fue famoso por sus papeles como el Dr. Abraham Van Helsing
en grandes clásicos de terror de la Hammer como “Drácula”, “Las novias de
Drácula”, “Dracula 1972 A.D.” y “Los ritos satánicos de Drácula”, todas
ellas (salvo la segunda) junto al legendario Christopher Lee como el Conde
Drácula (el más popular después de Bela Lugosi), muchos podrían considerarle el
Van Helsing más heroico de la historia del cine, pero este apartado no es para
hablar de eso sino de su papel dentro del Universo Who. Cushing hizo en 1965
dos películas de la misma Amicus: Dr. Terror y (por supuesto) Dr. Who y los
Daleks. En ésta interpretaba a una versión humana del Doctor (y bastante
humana) que además se apellidaba Who (lo cual podría resultar bastante chocante
para algunos whovians). Un simpático abuelo inventor algo despistado vestido
con una chaqueta (o levita) de terciopelo marrón, una corbata de lazo y una
bufanda (no kilométrica, todavía…) que vive con sus nietas Susan (Roberta
Tovey) y Barbara (Jennie Linden) en una casa en Londres. Contrariamente al
Doctor de William Hartnell, Cushing hizo una versión más amable y educada del
mismo. Roy Castle (quien también coincidía con Cushing en Dr. Terror) hizo un
Ian Chesterton muy distinto al de William Russell en la serie, más que un
profesor curioso de colegio era el novio inepto de Barbara que al final
(fortuitamente) también se convierte en héroe. En la serie Ian Chesterton y
Barbara Wright eran los profesores de Susan cuando ésta se hizo pasar por
humana en sus clases y se colaron en la TARDIS del Doctor, quien luego los
“secuestra”. Ellos eran los personajes de acción, teniendo en cuenta la
avanzada edad del Doctor.
Con el cambio de personalidad del
Doctor (no le llamaremos “Who”) en esta película, se pueden ver ciertos destellos
de su carácter que más conocemos y admiramos (de otras de sus encarnaciones),
como su curiosidad insaciable por ver un planeta nuevo, su necesidad de
aventura, su habilidad para mentir o manipular (no para fines egoístas y
mezquinos, al menos no hasta que trata de demostrar a los Thals que deben
luchar para defender a los suyos)… En esta película Susan es más una niña de 9
o 10 años que una quinceañera interpretada por Carole Anne Ford, seguramente
para darle a la historia un ambiente más familiar, al igual que en la serie.
Roberta Tovey bordó el papel de la típica niña con apariencia dulce pero algo
repelente y listilla.
Los
Daleks también sufrieron algunos cambios. Les dieron bases más grandes para
hacerlos más altos (mientras que los de la serie medían medio metro), les
dieron luces rojas a sus cascos y, algunos de ellos, en vez del desatascador de
wáteres que tenían en la serie llevaban pinzas metálicas, claro que ya en el
2005 pudimos ver a algún Dalek con algo parecido (The Parting Of The Ways). No disparaban rayos como en la serie sino
un gas mortífero de dióxido de carbono sacado con un extintor (anda que
tendrían muchos incendios…), al principio los productores iban a armarlos con
lanzallamas pero no lo hicieron por no asustar a los pequeños whovians. Incluso
hay disponibles juguetes o réplicas de estos Daleks para coleccionistas. También
le dieron un diseño más colorido, el cual se volvería a utilizar en la etapa de
Matt Smith (The Victory Of The Daleks),
posiblemente a Steven Moffat le encantó la película y lo hizo a propósito, y no
sería lo único.
La
TARDIS no parecía estar viva ni mucho menos, de hecho era más un ingenioso invento
del Doctor (el misterio es ¿cómo podía ser más grande por dentro si no era tecnología
alienígena?), esta sería la segunda cosa que Moffat quiso incluir en la serie
al tomar el relevo de Russell T. Davies como showrunner. La cabina tenía un tono
azul un poco más claro y las ventanas eran blancas, tampoco faltaba el emblema
de “St. John Ambulance”. Por dentro, más que una nave parecía un laboratorio
algo destartalado con cables por todos sitios y una palanca, tal vez, mal
colocada o puesta a propósito para que algún tontolaba que no es capaz de abrir
un grifo sin antes cargárselo pudiera activarla al apoyarse mientras su novia
le besa.
Traducida en nuestro país “Los
marcianos invaden la Tierra” (un titulillo bastante vulgar y usado, al no
haber sido conocida la serie en esa década… ¿culpa de la dictadura de Franco?)
y “Dr. Who: Los Daleks invaden la Tierra”
(eso ya es otra cosa). También basado en el serial de la etapa de Hartnell en
1964 “The Dalek Invasion of Earth”. Este film no tuvo tampoco mucho éxito,
aunque ahora también se ha convertido en parte de la leyenda. Aquí no aparecen
ni Ian ni Barbara y hay menos gags repetitivos. El Doctor viaja al año 2.150
con su nieta Susan y su sobrina Louise (Jill Curzon) y se les une el policía Tom
Campbell (Bernard Cribbins) al que unos atracadores golpean en la cabeza y
entra en la TARDIS creyendo que es una cabina de policía de verdad para pedir
refuerzos.
Podría decirse que Bernard Cribbins ya formaba
parte del Universo Who antes de interpretar al querido (para algunos odiado)
abuelo Wilfred Mott. Algunos que vieron la película ni siquiera se dieron
cuenta de que era él (normal, sin canas ni barba…), naturalmente no
interpretaba al mismo personaje. Era el reemplazo de Ian, sólo que menos torpe
y más dinámico como hombre de acción. Claro que resultaría inolvidable la
secuencia en la que se hace pasar por hombre robot y trata de imitarlos para no
levantar sospechas (con una banda sonora pegadiza compuesta por Bill McGuffie,
más pegadiza que la de Malcom Lockyer en la anterior). Siendo además la figura
clave al final (de forma parecida que en The End Of The Time). Este actor
demostró un gran talento no sólo en la película sino en la última aventura de
David Tennant como el Doctor (¿Quién puede imaginarse a un abuelo disparando
rayos laser en plan Han Solo al son de un tema compuesto por el valvulizante y
magistral Murray Gold?)
A diferencia de la película anterior, la TARDIS
parece más una nave espacial, salvo que le faltaba su característica consola
hexagonal con el cilindro y las paredes blancas llenas de cosas redondas.
Seguía faltando algo que tampoco estaba en la otra, el famoso ruido que hace la
TARDIS, el cual se conseguía rasgando las cuerdas de un piano con una llave
(difícil de creer). Lo sorprendente es que no tuviera teléfono (además era una
cabina). Por supuesto también faltaba ese famoso instrumento que todo whovian
lleva con orgullo en el bolsillo de su chaqueta: el destornillador sónico, el
cual no llegaría a utilizar hasta su segunda encarnación (Patrick Throughton)
en 1968 y se echa en falta en alguna que otra escena de ambas películas en la
que el Doctor trata de escapar de una celda, sin embargo, al igual que en la
serie, se demuestra que el Señor del Tiempo (o en este caso no Señor del
Tiempo) no siempre necesita su varita mágica para escapar de una situación
complicada (hasta un peine hace milagros), como MacGyver no siempre usa su
navaja suiza, lo hace más interesante.
Al
igual que su predecesora, “Daleks -
Invasion Earth: 2150 A.D.” tiene también sus diferencias con el serial de
la serie original, como que Susan se enamora de un humano rebelde llamado David
Campbell y el Doctor la deja con él para que sea feliz, por ejemplo. El humano
se llama “David” y no “Tom”, y pertenece al futuro en vez de al momento
presente. Cribbins y Curzon eran los relevos de Roy Castle y Jenny Linden, pero
jugando papeles de personajes distintos y un poco más heroicos.
Hubo problemas durante el rodaje debido a que
Cushing estaba enfermo, lo cual obligó a reescribir el guión para disminuir su
número de apariciones en el film. También ocurrieron accidentes, como un modelo
Dalek que se incendió durante el rodaje del ataque rebelde (y eso que llevaban
extintores) y el actor especialista Eddie Powell que se rompió el tobillo
mientras interpretaba una escena de huida de los Daleks.
También podría destacar un cierto fallo en la
escena final, cuando Tom Campbell le pide al Doctor que le traiga de vuelta
minutos antes de cometerse el atraco, dado que en ese momento debería haberse
encontrado consigo mismo, sin mencionar la paradoja de que no recibiera el
golpe en la cabeza y por tanto no llegó a entrar en la TARDIS ni hizo el viaje.
Seguramente Gordon Fleming no tendría en cuenta ni se interesaría mucho por las
teorías relativistas de Einstein.
VEREDICTO:
¿Quién
dijo que las películas de ciencia ficción del estilo “El planeta prohibido” no valían nada? Las dos películas pueden
resultar vulgares, absurdas e insulsas, pero a pesar de eso son aceptables y
forman parte del Universo Who. Algunos que teorizan se atreven a decir que
podría ser “El mundo de Pete” en el cual la versión humana del 10º Doctor y
Rose Tyler viven juntos y felices (tal vez), teniendo en cuenta que él se haría
viejo y no podría regenerarse sería lógico que con el tiempo llegase a
construir una TARDIS terrestre. En una escena eliminada de Journey’s End el 10º Doctor le da a su homólogo humano una pieza de
coral de la TARDIS para que pudieran tener la suya propia, a saber si aunque se
eliminó la escena así fue y pudo construirla durante años (aunque Donna dijera
que era un modo rápido, además se plantan, no se construyen).
Aunque las dos películas fueran algo
vulgares, la segunda podría tener una visión del futuro un poco más realista
(también en la serie) que en cualquier película o serie de ciencia ficción en
la que vemos un futuro utópico o distópico. En vez de verse un año 2150 lleno
de avances tecnológicos como se vería en la clásica Perdidos en el Espacio (la historia se desarrollaba en 1997, muy
adelantado) o en Regreso al futuro II
(cuando Marty viaja al 2015 y se desliza en un aeropatín o pide una pepsi a
Ronald Reagan y Ayatollah Khomeini en el televisor JVC para que no se peleen,
que camareros más peculiares, por cierto), vemos un mundo destartalado y devastado
por rayos cósmicos y en el que los humanos se ocultan en el Metro de Londres y
no han avanzado a nivel tecnológico.
En
resumen, si queremos pasar una buena tarde con nuestra novia, nuestros hijos,
sobrinos o hermanos pequeños, o se pretende organizar una quedada whovian o Tea&Tardis,
una de las dos películas sería perfecta para completar el repertorio de un
maratón. No olvidéis para la ocasión el té, ni las pastitas con mermelada de
fresa (o con una cereza), ni las deliciosas jelly babies, ni los plátanos (o el
daiquiri de plátano), ni mucho menos los palitos de pescado con natillas.
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